OTRAS BESTIAS

     No se cuantos años pasaron desde nuestra experiencia con ardillas coreanas o hamsters, pero supongo que unos cuantos ya que para comprar la mascota que queríamos comprar nos lo pensamos unas cuantas veces y fue a petición de nuestro hijo, que tendría ya unos once o doce años. El animal en cuestión requería más atenciones, un habitáculo más especial y adecuado, y unos mayores cuidados,  se trataba de una iguana.


 Junto con la iguana tuvimos que comprar el terrario, un calentador, comida para iguanas, el vendedor nos instruyó de como cuidarla y tratarla. Mi hijo contentísimo, yo no tanto, o para ser sinceros, nada contento, considero que son, al igual que las serpientes animales fríos sin sentimientos, aunque si los sentimientos tienen que ser como los hamsters mejor no tener. 

El terrario lo montamos en su habitación, como siempre, y al final fue más fácil de cuidar de lo que presentíamos, le dejábamos comida y agua y el calentador a cierta temperatura y ya esta, mi hijo a veces se lo subía al hombro a pasear por la casa, 

Parecía que esta bien y a gusto en casa, lo compramos que de la cabeza a la cola medía aproximadamente unos quince centímetros y llego a duplicar sus medidas, hasta que un día, no sabemos porque lo encontramos muerto en su terrario, fuimos a la tienda y el empleado nos dijo que a veces sucedía, a los humanos también, ataques al corazón, ictus o verte tu a saber, y así quedo la cosa, pero como ya nos habíamos acostumbrado a el adquirimos otro casi en seguida, pero la vida de este segunda iguana corrió peor suerte, un día sin querer elevamos la temperatura del termostato a niveles altísimos, tanto que la iguana quedó prácticamente frita.

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