La Nina era una perrita de raza terrier tibetano, el tamaño es mediano tirando a pequeño, y el pelo lo tienen largo. Aunque se llamen terriers, no son pertenecen a la familia normal de terriers que proceden de europa, ya que esta raza procede de Asia, concretamente del Tibet, que de ahí procede el nombre. La raza tiene más de dos mil años de antigüedad y por su carácter se convirtieron en perros de compañía y fueron llamados pequeñas personas, también servían Por supuesto también fueron criados en los monasterios, recibiendo un
trato respetuoso por parte de los monjes, ya que según la cultura budista-tibetana
se cree que todo los perros de pelo largo (Apso) son portadores de las
almas reencarnadas. Por ello se prohibió la venta y sacrificio de estos
perros. Frecuentemente se entregaron como regalo o para agradecer un
servicio prestado. Los monasterios intercambiaban Terrier tibetanos con
los nómadas, siendo los perros de mayor tamaño los que iban a los
nómadas, mientras que los nómadas entregaron sus perros más pequeños a
los monasterios. Como el intercambio era constante no se separó la raza
en dos tipos y por ello el tamaño quedó estable. Los monasterios también
realizaban intercambios de perros con otros monasterios. Esto tenía una
doble función, como ofrenda de respeto y amistad al igual que
refrescaban la sangre de sus ejemplares. Los Terrier tibetanos que se
entregaban eran normalmente machos. Sé creía que traían suerte si se les
trataba bien. y sirven como vigilancia, son muy protectores de su familia.

Esta es Nina de muy mayor.
Nina vino a nuestras vidas sin querer, como impuesta por familiares para que llenara momentos difíciles y complicados que estábamos pasando, y en la tienda donde la vendieron parecía que también quisieran quitársela de encima.
Pero creo que no ha habido ni habrá ningún perro tan especial como ella, no le gustaba salir fuera de casa, para hacer sus necesidades tenia una terraza y con ello ya le parecía suficiente, alguna vez que la sacábamos a pasear por el campo, siempre a nuestro lado, cuando había algún charco ella se paraba y no quería pasar por no ensuciarse, y a la vuelta, cuando veía el coche se lanzaba a correr hacia el, quería volver a casa, hubo una vez que al lado de nuestro coche había otro y con las puertas abiertas, ella se confundió y al coche de los extraños se subió, suerte que no era muy grande, si hubiera sido un dogo, por ejemplo, los que estaban en el vehículo vaya susto que se hubiesen llevado.
Mientras ella vivió pasaron muchas cosas en nuestras vidas, algunas buenas, otras malas, y la peor fue el fallecimiento de un familiar, y la tristeza se instaló con nosotros, ella, como ser especial que era, lo notaba, y si mi mujer estaba en el sofá llorando ella se le subía encima y con las dos potitas de delante una a cada lado del cuello, como abrazándola, se ponía a lamer sus lágrimas y ha consolarla.
Tenemos un primo que es pintor, es nervioso, hiperactivo, charlatán, no para ni un momento, y traslada esa ansiedad y nerviosismo a las personas de su entorno, una vez que teníamos que dar una lavado de cara a las paredes de nuestra casa le propusimos que pintara el, y acepto, el trabajo duró unos tres días, y pasó que contagio el nerviosismo a la perrita la cual se paso los tres días ladrándole, fue insoportable, el primo, alguna vez le intentaba comprar dándole alguna chuchería, ella lo cogía y cuando se lo había terminado volvía a ladrarle, cogía su regalo pero no se dejaba sobornar. La comida de la Nina siempre fue casera, y cuando digo casera es casera, la misma que tomábamos nosotros, si pollo, ella pollo, si arroz, ella arroz, pescado, carne, sopa, cuando se preparaba el caldo para la sopa ella ya o sabía y se pasaba las dos o tres horas mirando la olla pacientemente hasta que recibía su ración, era su menú preferido, y después de los postres, los mismos que los nuestros, el café con leche.
Al veterinario fue los primeros años cuando aún daba algún paseo, cuando fue mayor, como no salía de casa ni lo visitó.
Cuando tenia unos cuatro años la hicimos criar, buscando mediante la misma tienda que la habíamos comprado, uno perro de la misma raza, y cuando vimos que estaba en celo nos trajimos a nuestra casa, con permiso y pacto con sus dueños, el perro que tenía que ser el padre de sus hijos, que resultó un poco bobo, por decirlo de alguna manera, y a pesar de que nuestra perrita quería, el se nos quedaba mirando como diciendo, y ahora que hago, al segundo día tuvimos que ayudarle.
El día del parto cuando nos levantamos ya tenia uno, pero supongo que al vernos, y para proteger a sus hijos dejo de parir, nos fuimos cada uno a nuestros trabajos y tareas, a la vuelta seguí teniendo solo uno, que al vernos llegar cogió por el cogote y lo intentó cambiar de sitio, pensamos que se lo quería comer y le dimos un buen susto para que lo dejara. Después de comer nos tuvimos que volver a marchar, yo unas tres horas, mi mujer solamente a dejar a nuestro hijo al colegio, quince o veinte minutos, a la vuelta ya había parido a los otros cinco cachorros.
Ya de muy mayor a los diecinueve años, un día la vimos mal y la llevamos al veterinario, nos dijo que tenia unos bultos en el abdomen que seguramente seria cáncer de ovarios, había que operarla, aunque ya tenía diecinueve años y sus posibilidades de vivir, incluso sin enfermedad eran de un año o dos mas.
¿Que hacemos, la operación vale mucho dinero, también era hacerla sufrir, no soportaba estar fuera de casa? Y lo que hicimos a pesar de todo fue operarla, fue por la mañana y se tendría que quedar con ellos unos dos días para ir controlando que todo fuera bien y tenerla a mano por si surgía cualquier problema, ya casi de noche, creo que debían ser las diez, llamamos para ver como se encontraba, nos dijeron que todo bien pero que no paraba de "llorar", mi mujer les preguntó que pasaba si nos la llevábamos, nos aconsejaron que no, que tenia la operación muy reciente, que había peligro de que se le abrieran los puntos, pero mientas hablaba escuchó a la perrita y dijo, me voy a buscarla,
La trajo abrigadita en una manta casi no se movía, mi mujer se la llevó a la cama y juntas abrazadas pasaron toda la noche, por supuesto la perra ya no "lloro" más, quedó tranquila, creo que si la hubiéramos dejado allí, aunque seguramente más vigilada, se hubiera muerto, pero de pena.
Se repuso, y vivió con nosotros un año más, el año en el que aprovechamos cada momento con ella, era feliz, si nos marchábamos de casa cuando volvíamos se subía a la mesa con mucha agilidad pese a su edad y desde ahí reclamada sus caricias.
Al cabo de un año y por las fiestas de navidad nos levantamos y vemos que camina de lado como cayéndose, nos asustemos y fuimos otra vez al veterinario, le hicieron análisis y radiografías, había vuelto en cáncer pero esta vez en la cabeza, no se podía hacer nada,
Programamos su muerte en casa y que se durmiera tranquilamente en nuestros brazos para primeros de año,
Mientras estábamos en la espera la veíamos sufrir, dándose trompazos con la cabeza que ya no dominaba, fue muy triste.
Cuando llego el día la cogimos y la pusimos en nuestro regazo, una veterinaria que vino a casa le puso las dos inyecciones y se quedó dormida,
La incineramos y sus restos están en una urna en nuestra casa.
La perra que sufría cuando nos veía sufrir y nos daba aliento para seguir.
Las fotografías son del periodo entre la primera operación y su muerte. Ya mayor.
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